Damas y caballeros, ha llegado el momento de concluir, de una vez por todas, esta apasionante trilogía que ha mantenido en vela a más de un sado-masoquista de esos que abundan en Poringa a las 4 de la mañana. Estamos en la etapa final. Ya Frodo está decidido a destruir el anillo y liberar a la Tierra Media del ejército de Saurón, mientras tiene una controvertida historia amorosa con su fiel sirviente Sam. Aceptémoslo, las trilogías están de moda y nada podrá contra ellas.
En las dos entregas anteriores habíamos analizado el constante uso de sustancias alucinógenas durante los ritos eleusinos en la antigua grecia y posterior mundo grecorromano. Fundamental es estudiar este movimiento religioso-mistérico para conocer las primeras bases del pensamiento occidental, y a su vez comprender mejor al cristianismo (su posterior heredero).
Ahora bien, la literatura judaica del pentateuco tiene claras referencias sobre la amenaza que presentaban las drogas al resto de la sociedad. Sabemos porqué es de esta manera: la base de la religión judeo-cristiana es la total separación de lo humano con lo divino. Por un lado Dios y por el otro los hombres, como debe ser. Bueno, el cristianismo los une en la figura de Jesucristo quien por supuesto es el único autorizado para tener el control de intermediario. Aunque no es válido argumentar que no existe esta división al mejor estilo Franja de Gaza, porque después del Concilio de Nicea en el 313 d C. se decretó que el Mesías es Dios pero en distinta naturaleza ¡Ja! Chupate esta mandarina...
Como sea, si leyeron los anteriores post sabrán que la finalidad del uso religioso de drogas era tener un contacto de primera mano con la divinidad, alcanzar la gnosis. Esto contradecía al dogma separatista judío que obligaba a Dios a estar solamente cerca del pueblo elegido cuando había que destruir y saquear ciudades, o jugar al psicópata con un viejo senil para que sacrifique a su hijo en su honor.
Es menester por esto, evocar al mito de la creación conocido como "La manzana de Adán y Eva". No voy a relatar la historia porque ya nos es bien conocida. Simplemente voy a limitarme a explicar una de las tantas interpretaciones (religiosas, psicológicas, filosóficas,etc.) que se extraen, como si fuera una naranja a la que nunca se le termina la pulpa. Para empezar la manzana, o mejor conocida como "la fruta prohibida", es una clara referencia a cualquier fruto u hongo alucinógeno tan bien conocido para la época. No solamente representa al sexo, alegoría por cierto muy estúpida de crearse (si no podían garchar entonces, ¿para qué carajo le pones un pene al hombre y vagina a la mujer?).
Alcanzar la gnosis no como resultado de la experiencia humana; sino gracias a un ayudante, un fruto, o un artificio que nace de misma creación a la que el humano transforma y corrompe. Incluso más, las feministas afirman que al hacer culpable a Eva por tentar a Adán, se logra mantener en una posición de subyugación al género. Pero también recordemos que el rol de la mujer dentro de las sociedades primitivas se basaba practicamente en la recolección de frutos y hortalizas. Es muy probable que las mujeres hayan sido las primeras en conocer y lograr obtener la clasificación y posterior preparación, de las primeras sustancias alucinógenas (por eso las amamos chicas)...
En el caso de Medio Oriente, durante la época de la creación del pentateuco (S IX-XVIII a C.) el principal ingrediente alucinógeno era el muy famoso hongo conocido como Amanita muscaria. Entre muchas de sus acciones sobre el sistema neurológico, causa la apreciación deformada de formas y distancias. Aún así, también era utilizado por ejemplo el cáñamo ó la mandrágora.
En fin, es importante este tipos de análisis, sobre todo para terminar con esa mirada superiora y moralizante que tiene Occidente sobre muchas otras culturas que tal vez no estén tan desarrolladas a nivel tecnológico. Chamanes, brujos, sacerdotes vudú, son considerados objeto de estudio por una antropología etnocentrista, la cual no tiene actualmente la suficiente memoria para reconocer éstos elementos en su propia cultura.
Rasputín again!
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